Etapas del desarrollo infantil de los 19 a los 24 meses: el nacimiento del “yo”
Etapas del desarrollo infantil de los 19 a los 24 meses: el nacimiento del “yo”
Entre los 19 y los 24 meses ocurre un cambio profundo. El niño ya no es solo un explorador: comienza a reconocerse como individuo. Aparece con fuerza el “yo”, la autonomía y una expansión notable del lenguaje.
Es una etapa intensa. De grandes avances… y también de grandes desafíos emocionales. La curiosidad crece, el deseo de independencia se intensifica y el desarrollo cognitivo da un salto significativo.
Como siempre, cada niño tiene su propio ritmo. Estos hitos son orientativos y no sustituyen una evaluación profesional.
Desarrollo motor grueso: movimiento con intención
A esta edad, el movimiento ya no es solo exploración física, sino herramienta para alcanzar objetivos.
Es habitual que el niño:
Camine con seguridad
Corra (aunque aún con poca coordinación)
Suba y baje escaleras con ayuda
Se agache y se levante sin dificultad
Patee una pelota
El cuerpo se vuelve más estable, permitiendo mayor independencia.
Desarrollo motor fino: mayor coordinación y control
La precisión manual mejora considerablemente. El niño comienza a usar objetos con propósito más definido.
Puede:
Construir torres de 3 a 5 bloques
Pasar páginas de libros con mayor facilidad
Usar la cuchara con menos derrames
Garabatear espontáneamente
Abrir y cerrar recipientes
Estas habilidades fortalecen la autonomía y preparan el terreno para aprendizajes posteriores.
Lenguaje: la explosión verbal
Entre los 19 y los 24 meses suele producirse lo que muchos profesionales llaman “explosión del vocabulario”.
Es frecuente que:
Digan entre 20 y 50 palabras o más
Combinen dos palabras (“mamá ven”, “más agua”)
Señalen objetos cuando se les nombran
Comprendan órdenes simples y algunas más complejas
Intenten repetir palabras nuevas
La intención comunicativa es central. El niño ya no solo pide: también comenta, nombra y comparte.
Desarrollo social y emocional: identidad y límites
Aquí aparece con claridad la construcción del “yo”.
Puede observarse que:
Diga “no” con frecuencia
Muestre preferencias claras
Exprese frustración ante límites
Busque aprobación del adulto
Imite acciones cotidianas complejas
Las rabietas pueden intensificarse. No son desobediencia: son expresión de emociones que aún no puede regular completamente.
El acompañamiento empático y firme es fundamental en esta etapa.
Desarrollo cognitivo y juego simbólico
Entre los 19 y los 24 meses el juego evoluciona notablemente.
Puede:
Dar de comer a una muñeca
Hacer que un auto “vuele” o “duerma”
Imitar acciones de adultos
Resolver pequeños problemas por ensayo y error
Identificar partes del cuerpo
El juego simbólico es un indicador importante del desarrollo cognitivo y social.
Señales que conviene observar
Cada niño evoluciona a su ritmo. Sin embargo, podría ser recomendable consultar si de forma persistente se observa:
No utiliza al menos algunas palabras con intención
No intenta combinar palabras
No señala para compartir intereses
No muestra juego simbólico simple
No responde a su nombre
Parece no interesarse en interactuar con otros
Estas señales no constituyen un diagnóstico, pero pueden indicar la necesidad de orientación profesional.
Desarrollo y detección temprana del autismo
Entre los 19 y los 24 meses suelen hacerse más evidentes algunas diferencias en el desarrollo social y comunicativo.
Algunos indicadores que merecen evaluación profesional incluyen:
Ausencia de lenguaje funcional
No compartir intereses (no señalar para mostrar algo que le gusta)
Escasa imitación
Juego repetitivo sin función simbólica
Poca respuesta social o contacto visual limitado
La detección temprana es clave. Cuando se identifican diferencias en esta etapa, la intervención oportuna puede favorecer significativamente el desarrollo y el bienestar del niño.
El objetivo no es alarmar, sino informar y acompañar.
Acompañar esta etapa con presencia y comprensión
Entre los 19 y los 24 meses el niño comienza a afirmarse con fuerza. Quiere decidir, explorar y comunicar.
Necesita límites claros, pero también validación emocional. Necesita estructura, pero también libertad para descubrir.
Es una etapa donde florece la identidad. Y comprenderla permite a las familias acompañar con serenidad, información y amor consciente.
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