Desde mi experiencia con la información de la ciencia

 

 Del conocimiento a la vida diaria: aprender a vivir el autismo desde la comprensión

Investigar, aprender y comprender el autismo no alcanza si ese conocimiento no se traduce en la vida diaria. Desde mi experiencia personal y el acompañamiento de la ciencia, aprendí que el cerebro autista funciona de manera diferente y que entender esas diferencias puede cambiar profundamente la forma en que vivimos, nos percibimos y nos acompañamos.

 El autismo y la importancia de aplicar el conocimiento

Hola. Luego de haber investigado tanto y de experimentar en mi propia vida cada cosa que descubrí desde la ciencia, llego a la conclusión de que tenemos un cerebro diferente, con diversas particularidades, ya sea en distintas partes del cerebro, del sistema nervioso y en la manera en que manejamos las situaciones según lo que desarrollamos a lo largo de nuestras vidas.

Por eso el TEA se define con mayor claridad en la infancia, donde abunda la neuroplasticidad y las diferencias se hacen más visibles. Creo que la mejor manera de comprender y apoyar al autismo es a través de una estimulación adecuada, respetando los ritmos individuales y sin la presión social.


Mi experiencia personal viviendo el autismo

He comprobado en mi propia vida que, desde mi infancia y sin saber que era autista, pude descubrir más mis habilidades ocultas que mis deficiencias, aunque no comprendía por qué veía la vida desde un ángulo diferente al de los demás. Esto no me impidió estudiar, tener relaciones de pareja ni incluso tener un hijo.

Sí noté que siempre existió en mí una cierta inocencia social: creer que los demás no juzgan o que no tienen malas intenciones. En mi literalidad, cuando alguien me dice “yo te ayudo” o “yo te apoyo”, creo realmente que lo va a hacer y aún hoy me cuesta comprender que, a veces, eso es solo una formalidad.

Este tipo de situaciones me llevó a darme varios golpes en la vida. Dolió, no lo niego, pero de tanto doler aprendí a procesar el dolor para que no se convierta en sufrimiento, que es algo peor: cuando nos aferramos al dolor y no aprendemos ni lo superamos.

Cada experiencia que tuve, que otros calificarían como “cosas malas”, el hecho de haber sido golpeada por la vida en más de una oportunidad, dirigió hacia mí miradas de lástima. Pero yo no tengo la capacidad de juzgar, solo de intentar comprender. Y mi obsesión hace que no me detenga hasta obtener todas las respuestas necesarias para calmar mi incertidumbre.

 Crecer sin diagnóstico ni apoyos

Desde niña busqué enfrentar mis miedos, mi incertidumbre, mi ansiedad, mis tristezas y mis berrinches. No tenía otra opción más que descubrirlos por mí misma, porque en mi infancia “yo no era autista”: era caprichosa, tímida, demasiado directa y “no respetaba a los mayores”.

No tuve los apoyos que existen hoy, cuando se conoce el amplio espectro del autismo y se comprende mejor el enmascaramiento. Eso me llevó a ser autodidacta y confirmó en mí que podemos superarnos; solo que, con apoyo, podemos hacerlo de manera más sencilla y en menos tiempo. Aunque hoy parezca que un año es mucho tiempo para que nuestros hijos aprendan y se superen, a mí me llevó décadas.

No elegimos la música de la vida; solo aprendemos a bailar la música que nos ponen. Y la música que nos ponen es el autismo. Así que hay que aprender a bailar el autismo. No importa si no somos bailarines profesionales ni si no deslumbramos con nuestro baile. Lo importante es que, al aprender a llevar el ritmo, nos sentimos bien con nosotros mismos. Aunque nuestro ritmo no sea como el de los demás, se siente bien.

Confieso que no vivo ni percibo como los demás. Muchas veces estoy agotada y no sé por qué (hoy la ciencia lo explica, pero durante casi toda mi vida no lo supe).

 Aprender a procesar el dolor sin convertirlo en sufrimiento

Estoy convencida de que padecemos el autismo más por la falta de conocimiento sobre cómo funcionamos que por las dificultades en sí mismas. Las dificultades pueden superarse con el apoyo adecuado, pero muchas veces el apoyo no lo es porque no se comprende la verdadera necesidad. Es como usar un bastón cuando lo que falta es un brazo.

En lo personal, descubrí que tengo un coeficiente intelectual por encima de la media, y creo que eso me ayudó a resolver, desde mis propias dificultades, muchos obstáculos de mi vida. Mi hijo no tiene el mismo CI; está por debajo de la media y, aun así, puede resolver a su modo y a un ritmo más lento. Pero lo importante es que sí puede.

Aprender a vivir con un cerebro diferente

Hoy aprendí que puedo tomar las pausas que necesite y que, si no me esperan, puedo elegir cómo responder. Antes solo reaccionaba, y cuando se siente tan fuerte, se reacciona igual de fuerte.

No supe esto hasta que comprendí cómo funcionan los distintos cerebros y cómo funciona el cerebro autista. Al encontrar las diferencias, como en los juegos de revistas, descubrí que nuestro modo de percibir y pensar es distinto: el cerebro neurotípico procesa desde lo general hacia el detalle, mientras que en el autismo procesamos desde todos los detalles hasta llegar a lo general. Por eso nos toma más tiempo procesar la información y tenemos un ritmo diferente.

Sin el conocimiento no sabría la causa, y sin conocer la causa no podría resolverlo a mi manera, en lugar de juzgarme y presionarme.

 Conclusiones: encontrar el propio “cómo” en el autismo

El autismo no nos define, pero nos orienta a encontrarnos, a descubrir nuestras habilidades y a vivir la vida sintiéndonos bien con nosotros mismos. Solo necesitamos aprender el cómo.

Yo encontré mi cómo, y espero que algún día mi hijo encuentre el suyo. Y sé que cada niño que hoy no sabe ni cómo se siente, en su futuro tendrá siempre la posibilidad de encontrar su propio cómo. Solo tenemos que guiarlos para que lo descubran.

Todos buscamos lo mismo en la vida: ser felices. Pero para lograrlo, primero necesitamos SER 💓

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